Mientras subía en el ascensor, esa sensación anormal de bienestar que había experimentado desde el final de la tarde se fue escurriendo de mi cuerpo, al tiempo que me iba invadiendo un miedo sordo ante lo que me tocaba pasar a partir de ahora.
Ya no me sentía aturdida. Esa noche volvería a ser, sin duda, tan solitaria como la anterior. Me tumbé en la cama y me acurruqué en una bola, preparándome para el ataque. Abracé bien fuerte el peluche, cerré bien los ojos, y... la siguiente cosa que recuerdo es que ya era por la mañana.
(photo: http://seaofshoes.com)
- ¿Edward también tenía los ojos verdes? -murmuré.
- Sí...